Las niñas son más tranquilas (2ª parte)

Veíamos en el post anterior una realidad muy manida en nuestro imaginario social.

¿Cuántas veces hemos oído aquello de que las niñas son “más tranquilas” que los niños? ¿Cuántas veces, incluso, no hemos creído en este hecho como una realidad indiscutible, como determinante hormonal o genético?

Veíamos en el post precedente algunos ejemplos sencillos de medir el hecho de que las niñas son más tranquilas que los niños por medio de indicadores y centrándonos en aspectos como el tipo de juegos que realizan unas y otros, el tipo de juguetes que se tienen o prefieren, la forma de relacionarse de niñas y niños con las personas adultas o incluso la pura cuantificación de veces que el hecho es afirmado a nivel social.

Los indicadores propuestos, planteados de forma adecuada y recogidos los datos cuidadosamente, aportarían una fotografía social determinada que sin duda vendría a corroborar la idea de que las niñas son más tranquilas. Pero, ¿dónde está la relevancia de esta afirmación? ¿qué nos aporta como conocimiento social o individual? ¿qué es lo verdaderamente interesante de esta realidad diferencial?

Desde un punto de vista de género, lo significativo de esta afirmación “las niñas son más tranquilas” sería indagar en la idea del “SER”, es decir, ¿por qué son más tranquilas? ¿Qué queremos decir realmente cuando decimos que “son”? ¿De dónde nacen nuestros comportamientos cuando somos niñas y niños? Incluso, ¿Qué implicaciones tienen estos comportamientos en nuestra infancia y a lo largo de nuestra vida? En última instancia, ¿qué espera la sociedad del comportamiento de las niñas y los niños y cómo lo refuerza?

Con las niñas no jugamos los adultos a pelear. No jugamos, no, por mucho que digamos que nos comportamos igualísimo con nuestras hijas y con nuestros hijos. A las niñas no les gruñimos como dinosaurios o leones, o por lo menos no de forma tan usual, ni les decimos tantas veces lo fuertes y valientes que son. Las niñas no tienen piratas de referencia, tienen a Rapuncel y a la Cenicienta (y no, Brave todavía no es referencia simbólica). Las niñas no tienen calcetines de Spiderman, no tienen héroes fabulosos que corren como el rayo, trepan los árboles más altos y son más fuertes que Sansón.

Hablamos de igualdad pero, ¿verdaderamente socializamos en igualdad?

Dependiendo del objetivo de análisis en cada caso, los indicadores empleados para medir los hechos sociales serían unos u otros. Os propongo algunos indicadores para conocer y valorar nuestra manera de relacionarnos con nuestras hijas e hijos a través del juego. Después podemos volver a hablar del trato igualísimo que les damos.

las niñas son más tranquilas (2 parte)

Las niñas son más tranquilas, puede, pero ¿por qué?

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