Amas de casa, uníos

Dice Rosell que las amas de casa (y “amos”, que en este caso no se ha olvidado del sexo menos representado) se apuntan al paro para intentar cobrar un subsidio. Y, claro, en ese afán por pillar cacho del pastel que es cada vez menor, lo que están haciendo las sinvergüenzas es falsear los datos de desempleo real. Cómo se atreven.

Rosell, desde su amplio conocimiento como presidente de la CEOE, se queja y bien quejado de los tremendos errores que poseen nuestras fuentes estadísticas a la hora de contabilizar las diferentes categorías de población activa. Porque unas fuentes cuentan a unos colectivos y otros no y, así, no es de extrañar que los datos se tergiversen.

amas de casa

Pero hete aquí que a Rosell se le olvida un detalle fundamental: se le olvida que lo que no cuentan ni unas ni otras estadísticas, lo que nunca es contabilizado como aporte social, lo que nunca es hecho visible en ninguna estadística de empleo, riqueza de un país o funcionamiento social es, precisamente, el trabajo que realizan las amas de casa. Esas mismas que, en su tedio cotidiano, salen a la calle para hacer cola en el Inem. Un plan divertidísimo.

 En ese sistema de contabilización nacional –y, por extensión, en todas y cada una de las cabecitas pensantes del androcentrismo capitalista– las amas de casa son inactivas y, como tales, no tienen derecho a ningún salario, pago o subsidio. Lo que hacen no se paga. Ni si quiera tienen derecho al reconocimiento porque lo que las amas de casa hacen casi que ni existe: es fácil, ingrato, es poco, no se ve y, último pero no menos importante, lo saben hacer desde que nacieron. Por el solo hecho de ser mujeres. Un regalo de la naturaleza.

La división sexual del trabajo estalla en las manos de Rosell sin éste apenas buscarlo.

Fundamentalmente, en términos de dos debates clave: por un lado, el que pone en cuestionamiento la dicotomía entre producción-valor / reproducción-no valor (utilizando el marco de Leopoldina Fortunati) sobre la que se asienta ficticiamente el capitalismo y, por el otro, el que enfrenta las posturas entre trabajo doméstico remunerado sí o no.

En tiempos de crisis como el actual, en el que de un lado nos limitan la autonomía política y económica por medio de la expoliación de derechos, y en el que del otro lado emergen con fuerza formas tradicionalmente marginales de movilización política y ciudadana, el feminismo vuelve a situarse como eje indispensable de cualquier alternativa al actual sistema que se quiera imaginar y construir. ¿Qué cuestión social no ha atravesado el feminismo haciéndola visible y enriqueciéndola conceptual y políticamente?

  •  Es necesario replantear el concepto de trabajo (como bien se viene haciendo desde la Economía Feminista) de forma que afecte a la contabilización estadística tanto como al imaginario colectivo, entendiéndolo como toda actividad humana que sostiene la sociedad, independientemente del espacio en el que es realizada y de quién la realice.
  • Es necesario recuperar en nuestros debates políticos la urgencia de romper con la artificial división entre lo productivo y lo reproductivo, partiendo del entendimiento de ambos tipos de actividades como trabajos equivalentes que han mantenido funcionando la sociedad a lo largo del tiempo.
  •  Es necesario pelear la idea de que todo trabajo merece un pago y que el problema no está en el pago en sí mismo sino en aspectos como la naturalización por sexo de los diferentes tipos de trabajo, en este caso.

Amas de casa, uníos.

 

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