Dime a qué dedicas el tiempo y te diré…

Una de las características de la desigualdad de género es la multiplicidad de maneras en que se manifiesta. Por eso, podemos hablar de “desigualdades de género”.

Todas estas desigualdades están interconectadas, es decir, en última instancia todas responden a un mismo punto de partida originario: la construcción diferencial del género.

En este post centro la atención en los Usos del Tiempo como ejemplificación de la diferencia/desigualdad existente entre mujeres y hombres y expresada a través de las tareas y actividades a las que nos dedicamos en nuestro día a día.

El uso diferencial del Tiempo

El tiempo es un recurso limitado para las personas. Podemos definir el tiempo de muchas maneras pero, a fin de cuentas, es el vehículo o soporte de que disponemos para desenvolvernos como individuos en el entorno.

En el empleo que hacemos del tiempo interfieren diversos factores: habitar en un sitio o en otro, tener una edad u otra, vivir de forma independiente o ser responsables de personas dependientes, poseer unas actitudes u otras, etc. Y, junto con todos, existe uno que nos atraviesa a todas las personas: el género.

El género que nos define como individuo femenino o masculino es determinante de los usos del tiempo que hacemos. El género es un factor diferencial en los usos del tiempo.

La última Encuesta de Empleo del Tiempo del INE señala, entre otras diferencias, que: tiempo y desigualdad

  • Al trabajo remunerado los hombres (H) dedican un promedio de 7h y 55min y las mujeres (M) 6h y 43min.
  • A actividades relacionadas con el trabajo dedican 1h y 33min (H) y 56min (M)
  • Al hogar y la familia los H dedican 2h y 32 min y las M 4h y 29min.
  • A actividades culinarias los H dedican 55 min y las M 1h y 44min.
  • Al cuidado de niñ@s los H dedican 1h y 46min y las M 2h y 22min.
  • A deportes y actividades al aire libre los H dedican 2h y 3min y las M 1h y 40 min.

 

Producción, reproducción y sostenibilidad social

A la vista de los datos está que las mujeres y los hombres, como conjunto, no dedicamos nuestro tiempo a las mismas actividades. No sólo en proporción de personas (no señalado en este post) sino tampoco en cantidad de minutos.

La principal diferencia es la que tiene que ver con las actividades denominadas como “reproductivas”: todas aquellas necesarias para la sostenibilidad de la vida. Generalmente estas tareas se desempeñan en el ámbito privado. Es decir, las mujeres son las que principalmente dedican su tiempo a las actividades reproductivas que, no casualmente, se desempeñan con carácter privado en el ámbito del hogar.

Los hombres, en contraposición, dedican menos tiempo a las actividades reproductivas. El tiempo diferencial lo dedican a la formación, el empleo o el ocio principalmente. Actividades que se desarrollan fundamentalmente en el ámbito público.

 no hate men

Pero, ¿y dónde está el problema?

El problema, como siempre, es cuando la diferencia se convierte en desigualdad. Los roles de género actúan como ejes de desigualdad en el papel que desempeñamos mujeres y hombres en la sociedad y, por consiguiente en el uso de nuestro tiempo.

Las actividades asumidas principalmente por mujeres y que ocupan buena parte de su tiempo (las reproductivas, las que sostienen la vida, las que se desarrollan principalmente en el ámbito de lo privado o doméstico) son invisibles, no cuentan económicamente, obtienen poca o nula valoración social, son continuas, son “exigibles” y asumidas como si fueran naturales mediante el proceso de construcción de identidad.

Mientras las tareas reproductivas no sean compartidas de forma igualitaria entre mujeres y hombres, seguiremos dando forma a la igualdad formal pero no a la real. Mientras la sociedad no asuma la relevancia de las actividades de cuidado de las personas y de los hogares, el concepto preponderante del tiempo seguirá siendo secuencial, discontinuo y mercantil. Y el tiempo mayoritario de las mujeres (simultáneo, continuo, reproductivo) seguirá sin tenerse en cuenta.

 Ahora que estamos de moda, las políticas democráticas y participativas deben incluir la perspectiva del tiempo y del género para seguir sumando. La tendencia hacia la sostenibilidad social pasa irremediablemente por la asunción igualitaria de las diferentes responsabilidades que hacen posible la sociedad de la que formamos parte. Asunción que debe ser asumida por mujeres y por hombres indistintamente y también por los demás agentes que conforman la sociedad (instituciones públicas, organizaciones, empresas).

Y, en último lugar pero no menos importante, pasa por entender el tiempo como uno de los recursos más valiosos de que disponemos las personas y que, como tal, debemos compartir de la forma más justa posible. Sin desigualdad. Sin omisión. Con responsabilidad.

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