… Y también soy madre

Existen muchas cuestiones que me inquietan en torno a la maternidad pero hay dos preguntas que en los últimos meses me son de especial trascendencia:

  • ¿Por qué no puedo subrayar mi maternidad como un dato más de mi identidad en los espacios profesionales y de activismo político?
  • ¿Y por qué todos los proyectos que ensalzan de algún modo la maternidad nos parecen siempre desde los feminismos un punto grimosos?

A partir de estas preguntas y de la infinidad de respuestas y nuevos interrogantes que me surgen, me he propuesto dos objetivos para comenzar el nuevo curso: el primero, comenzar a poner sobre la mesa que la maternidad es una experiencia que me enriquece profesional y políticamente. Y el segundo: evitar asociar maternidad gustosa con feminidad rancia.

Ana Fernández de Vega

Parque Natural de Sanabria, Zamora. Agosto de 2015.

Nunca me recomiendan que diga en una entrevista de trabajo que soy madre, al contrario, siempre me aconsejan que no se me ocurra mencionar mis responsabilidades maternales porque se entienden como responsabilidades potencialmente competitivas con las laborales. Y yo siempre me quedo algo disconforme…

¿Acaso mis responsabilidades no se resuelven desde la misma fuente?

¿Acaso mis aprendizajes y cualidades no las llevo conmigo allá dónde estoy?

Por otra parte, en las reuniones políticas de cualquier tipo nunca mencionamos las responsabilidades de cuidados que estamos asumiendo en esos momentos. Particularmente en los espacios feministas, no solemos hacer visibles las tareas de cuidados a las que estamos haciendo frente, o las personas dependientes que tenemos a cargo o los tiempos cotidianos que dedicamos a sostener la vida de las demás personas. En estos espacios, como en los otros, sólo nos avalan nuestros méritos curriculares y profesionales. Y yo siempre siento que me falta algo por señalar…

¿Acaso lo personal no era político?

Desde mi punto de vista, la maternidad como experiencia de entrega y aprendizaje tiene un valor que merece ser hecho visible. Pero, más allá de este valor, tiene, sobre todo, unas consecuencias. En mi experiencia vital, la maternidad me ha brindado la oportunidad de madurar y mejorar mi carácter, rasgos ambos que me aportan una riqueza útil en el mundo profesional y en el político. Y, además de ello, la asunción de una maternidad consciente y en ciertos puntos sumamente crítica me ha permitido profundizar en la normalización del rol de género en mujeres y hombres y encarnar en mi día a día el discurso feminista sobre el trabajo de cuidados como eje central de la sostenibilidad de la vida y el funcionamiento social.

Ana Fernández de Vega

Manifestación del 8 de marzo. Madrid.

“Los cuidados” no son un trabajo que asumen las mujeres en abstracto; plantearlo de este modo me rechina y me parece vacío y opaco. Los trabajos de cuidados los asumimos todas, en general, en nuestras relaciones interpersonales (ya sea siendo madres, ya siendo hijas o siendo nietas, ya sea como trabajadoras del hogar o como cuidadoras informales… las experiencias son múltiples pero generalmente son femeninas). No podemos plantear esta realidad únicamente como una demanda de trasformación que apunte a la corresponsabilidad social. Sin duda esto es necesario y es el objetivo fundamental pero pierde su vinculación con la vida real si las mujeres no somos capaces de nombrarnos y situarnos en esa realidad. Y esto es solamente posible por medio del posicionamiento: por eso digo que yo soy madre.

Digo que, además de una profesional, soy madre, y no quiero obviarlo porque son dos partes inseparables de mi trayectoria vital. Y lo que quiero es un mercado laboral que no penalice por ser madre, y una de las formas que tengo de lograrlo en mi individualidad es no esconderlo, sino pelearlo.

Digo que, además de una feminista comprometida, soy madre, y quiero decirlo porque son dos rasgos hiper potentes de la identidad en la que me reconozco. Y lo que quiero es un feminismo plural y flexible que protagonicen las mujeres en su diversidad y se fundamente en las similitudes que tenemos los sujetos que no formamos parte de los núcleos de poder de la masculinidad dominante, núcleos en los que los cuidados hacia las demás personas no ocupan las posiciones prioritarias.

Ana Fernández de Vega

Parque Natural de Sanabria, Zamora. Agosto de 2015.

Y, por todo esto, hago público mi primer objetivo para el nuevo curso: subrayar que la maternidad es una experiencia que me enriquece profesional y políticamente.

Y que conste que es un grito en positivo que no está en absoluto edificado sobre la negación de otras posibilidades: el valor que yo le doy a la maternidad no resta valor a experiencias vitales no maternales. Me gustaría que esta idea quedara clara de principio a fin.

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3 comentarios

  1. Remich

     /  25 septiembre, 2015

    Por supuesto que la maternidad es una experiencia que me enriquece a todos los niveles y me define como persona. Es una de esas experiencias que vino a modificar para siempre mi yo anterior y desde entonces va conmigo a donde quiera que yo vaya…sea reunión de trabajo, viaje de placer o visita al supermercado. Ahora soy madre a tiempo completo aunque no tenga a mis hijos cerca. Es una característica más que me define y a la vista debe de estar (como la tripilla marcada para siempre en mi anatomía). Digamos que forma parte de mi CV. Si bien la maternidad no lo es todo para mi, desde luego forma parte inseparable de mi yo actual.

    Yo soy yo y mi circunstancia ¿no? pues que se fastidie quien no lo sepa valorar.

    Responder
    • Sí, totalmente de acuerdo con loq ue dices y con cómo lo dices. Ahora bien, para mí la dificultad está en reivindicar la maternidad sin caer en el reforzamiento del rol de género que nos ha vinculado tradiconalmente a las mujeres con una identidad supuestamente inamovible. Me gustaría incidir en la reivindicación de la maternidad pero desde el enfoque de la opción, de la construcción identitatia, incluso de la responsabilidad. Y eso es algo que, aunque pueda parecer fácil y de perogrulla, es bastante difícil dado el imaginario social que nos envuelve. Por otro lado, el mercado puede fastidiarse mucho por no valorar nuestra maternidad, pero realmente es un fastidio que recae sobre nosotras, que es a quien penaliza. Enemigos poderosos tenemos, querida Remich. Gracias por comentar. Un, beso enorme pa’ ti.

      Responder
  1. Leonas | Indica con Género

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