Buenas y malas y sus alteraciones

Tengo yo una amiga digital con la que me he enredado un poco.

En mi anterior post sobre Brechas feministas en torno a la maternidad la situaba en un lugar en el que ella no se reconocía. Y ahora, en su artículo respuesta, hemos repetido pero al revés.

buenas y malas

Yo sigo empeñada en hablar de escisiones porque me parece la única manera de poderlas definir y, después, intentarlas encontrar para diseñar fórmulas políticas consensuadas pero ¿hablar de buenas y malas? No, jamás, de eso nunca hablo (eso sólo lo pienso).

Fuera de bromas, esto es lo que le he escrito en un comentario:

“María, no sé… me decías en mi blog que no te sentías “bien colocada” donde te situé y yo me disculpé. Y yo sé que me disculpo de verdad y que escribo no con sorna sino con corazón abierto. Eso llevo, qué le voy a hacer.
Ahora permíteme que te invite a releer el artículo porque, de verdad, no existe en ningún lado una intención de colocar a buenas y malas. Creo que los prejuicios que digo en el post que nos abrasan nos queman hasta a nosotras mismas. He tratado de ser cuidadosa con los términos y de recoger el sentido que yo he creído ir recogiendo de las posturas que algunas feministas a las que leo desde aquello de las “Leonas” mostráis cuando escribís. Feministas a las que me alegro de haber encontrado y con las que solamente quiero compartir y aprender. Feministas que me recordaron (sin yo pedirlo y sin ni si quiera haber caído en la cuenta) que hablar de maternidad no se podía hacer sin hablar de las niñas y de las tetas.

No hablo de buenas ni de malas. No lo hago. No hablo de volver a la naturaleza en un sentido peyorativo. No hablo de los derechos de los bebés frente a los derechos de las mujeres. No hablo de un feminismo mejor que otro. No hablo de luchar separadas.

De verdad, María, creo que el calentón de no encontrarte te impidió leer con intención de entender.

Cuando me dijiste que no te encontrabas pensé en eliminar tu enlace pero luego pensé que eso sería pueril y que ahí quedan los comentarios públicos para quien quiera leer e indagar. De otro lado, el hecho de haberte enlazado es, para mí, más un gesto de respeto y cariño que de acusación. Puedo escoger otros enlaces, pero no quise. Quizá también sea pueril pero es así como es. Chica, al final lo ideal sale caro.

No sé, María, me apena.  

Por ciero, ya puestas a hablar de mí voy a hacerlo yo también: sí tengo a mi lado un hombre cisgénero de diez y me siento afotunada; sí aposté por que superara su estructura mental patriarcal y sí me lo puso fácil; sí di pecho a mis hijxs hasta que se hartaron y lo gocé como tantas otras; sí coleché; sí aposté por un parto consciente; sí estuve en excedencia un año para criarlos; sí les grito por las escaleras para que se pongan el abrigo; sí juego al escondite con ellos en el parque y sí les limpio el culo y los mocos; sí apuesto por dignificar los cuidados, sí quiero encontrar formas en las que nos encontremos; sí creo que debemos hablarnos con cariño y sin maldad; y sí estoy hasta el coño de la reactividad.

Buenas noches María, y un beso”.

 

Oye, que puede ser que yo no entienda bien las cosas. Que puede que me lo tome todo muy a pecho, que puede que no pille bien el humor. Puede, seguro, vamos. Pero que lo que no se dice se borra, ya se sabe. Y que no os perdáis el blog de Mother Killer si queréis seguir dándole vueltas a esto de los feminismos y las maternidades. Que parezco enfadada pero que no, que mi camino es pretendidamente zen.

 

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2 comentarios

  1. Querida Ana,
    El tema es que no creo que haya dos bandos. Creo que hay tantos como mujeres, porque cada una habla desde sus circunstancias. Mi respuesta no fue hacia tu forma de situarme (no te ciegues) sino hacia tu análisis, que no me pareció adecuado. Habías excluido de él un grupo al que yo “pertenezco” y me habías situado erróneamente en otro. Vamos, que creo que faltaba una categoría: la que no cree que tener un hijo implique renunciar pero que preferiría que el estado fuese consciente de que para criar hace falta una tribu. Y eso no puede limitarse a que haya muchas guarderías. Ni podemos esperar a que los hombres se hagan conscientes. Por eso pedimos un aumento de las bajas por maternidad (las de paternidad también, pero no podemos esperar, de verdad) y un reconocimiento de la importancia de la crianza en los primeros años, un apoyo, un yoquesequé, que no nos imponga recurrir a la leche de fórmula por definición.
    No sé si me explico. Que es nuestro derecho, coño. Que ya está bien de renuncias.
    Yo ya los tengo criaos, pero sé que esto duele y mucho.
    Besos.

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    • Querida MotherKiller,
      ¡no va y resulta que estamos en el mismo lado del abismo multidimensional! ¡acabáramos!
      Me gusta la palabra tribu. Me gusta entender la corresponsabilidad extensamente fuera de los márgenes de la pareja y de al familia nuclear. Me gusta el compromiso de la gente con los cuidados de otras personas que no sean sus hijas, madres, hermanos, enfermas o diversos. Y, estando aquí, pido el incremento retribuido de las bajas de maternidad y la contemplación de un permiso intrasferible para otras figuras cuidadoras que no reste a la anterior. Que sume. Así que la multidimensionalidad se vuelve todavía mayor. Esto es como Interestelar, así de guay y de inquietante.
      Que sí es nuestro derecho, coño ya.

      Responder

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