Good bye, Indica con Género

Dicen que todo tiene un inicio y un final. A mí, sin embargo, nunca me resultó fácil discernirlos.

Las ideas, las relaciones, los cambios, se van gestando poco a poco y responden al juego de fuerzas e influencias de varios factores simultáneos. A veces, simplemente, nos cuesta identificarlos a todos.

Indica con Género empezó a terminar hace tiempo.

Pero Indica con Género ha sido el principio de mi actual web y de #veomujeres. Y quizá también de otros proyectos.

Ha sido guay.

Me he encontrado con muchas compañeras potentes. Me he comprometido un poco más conmigo, con el feminismo, con la escritura y con la construcción de las ideas.

Y lo seguiré haciendo pero, a partir de ahora, en el espacio blog de mi nueva web, http://anafernandezdevega.es/blog/

Esta es mi última entrada en este blog.

Gracias a quienes me habéis dado soporte, guerra, cariño y caña.

Un nuevo tiempo ha empezado.

by IconG

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#YoVoy8M

Aunque algunas lo crean el 8 de marzo no es una celebración, es una reivindicación.

Avanzamos, claro, no lo niego. Pero seguimos arrastrando machismo, misoginia, androcentrismo, imposiciones, violencias, minusvalor, invisibilidad.

Cada una de nosotras orienta su lucha hacia donde más le palpita. Otras tratan de ser más globales. Otras no se movilizan. Otras ni si quiera se han dado cuenta de lo feministas que son.

Hay feministas que huyen del cuerpo, yo en cambio busco encontrarme con él.

Hay feministas que niegan el feminismo institucional, pero yo lo entiendo como un instrumento y una posibilidad.

Hay feministas que siguen sacando feministómetros, sospechando de la otra, asumiendo sin conciencia la distancia y la lógica patriarcal que pervive para separarnos. Yo las veo y no lo entiendo.

Ahora estoy trabajando en la autoconciencia, en el empoderamiento colectivo, en la subjetividad y la palabra. Paralelamente, voy centrando mis aportes profesionales en las herramientas para incorpororar el enfoque de género en los proyectosde intervención, en las políticas públicas y en la vida cotidiana.

Una línea muy colectiva, situada en el cuerpo y en la voz, y otra línea más institucional, desarrollada en el conocimiento aplicado.

El 8 de marzo yo voy contra unas pocas cosas pero sobre todo voy a por unas cuantas cosas.

¿Y tú?

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Happy Birthday to me

Hoy cumplo 35 años.

Así, de pronto, me parece que estoy empezando a hacerme mayor.

Una mezcla de satisfacción e inquietud me dejan el rostro absorto: tengo que pensar cómo me siento.

¡Todo el día pensando!

Hoy, que cumplo años, que quiero lanzar mi cariño y mi abrazo a todas las personas que me hacéis la vida hermosa, me gustaría deciros también que me siento una mujer fuerte, sólidamente acompañada, alegre y, cada día lo intento, un poquito más zen.

Diversos caminos de conocimiento y aprendizaje me permiten decir hoy esto sin que sea mentira. El de los feminismos, sin duda, es uno de los más importantes. El feminismo me ha dado claridad de pensamiento y algo de ingenio. Me ha permitido elegir mejor, pisar con garbo, follar con placer, ser madre crítica e hija pelmazo. Me ha enseñado a no callar la boca ante las machiruladas y a callar a tiempo ante quienes están intentando aprender.

Pero también está el camino del yoga y la meditación. El de la autogestión de la salud al que me lanzó sin darme cuenta mi enfermedad de crohn. Está el del conocimiento personal que me he trillado en dolorosa soledad pero con increíble coraje. Está también el camino de lo común, de lo colectivo y de la conciencia ciudadana 3.0 que nos conecta a unas con otras aunque nos empeñemos en huir y en correr hacia el otro lado. Y está, digámoslo hoy, el del amor.

El amor que no sé definir pero que lo siento. El amor hacia todas las personas que estáis en mi vida, en mí día a día o en mi historia. El amor de los besos que me dan cada mañana en casa, el de las cañas que celebro junto a mis grandes amigas, el amor de las pipas y de los escondites de cada tarde en el parque, el amor de quienes, de vez en cuando, me decís alguna cosa hermosa o me defendéis ante los peligros cotidianos. El amor de quienes estáis a mi lado, de la manera que sea.

 El camino del amor se entremezcla con todos los demás. Incluso con el de la política, que tantos disgustos nos sigue dando.

Con estos 35 seré un poco mayor, tendré algunas ideas un poco más claras y otras se darán media vuelta. Pero en estos 35 quiero, sobre todo, seguir conservando la lucidez para distinguir lo que me hace bien de lo que me quita vida y potencia. Porque yo seré muy pro-diálogo pero también soy dura como como un palo. Y en este 2016 no pienso parar.

Que el amor no nos pille despistadas.

Gracias a tod@s por acordaros de mí hoy.

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24 de diciembre de 2015

 

 

 

#NosQueremosVivas. Y también nos queremos sin ninguna opresión.

Dicen los medios que las mujeres mueren. Dicen que fallecen.

Los medios de comunicación de masas dicen y crean verdad. Definen la realidad, aunque sea mentira.

Hoy, nosotras, decimos: no nos morimos, nos están matando.

ni una menos_mano

#NiUnaMenos

Los asesinatos de mujeres son, sin duda, la más feroz expresión de las violencias machistas. Y una sociedad que tolera o que acoge hechos de este tipo no puede creerse una sociedad democrática o defensora de la igualdad y la dignidad de las personas.

Pero hay algo más sobre lo que yo quiero reflexionar: me inquieta que la enorme conplejidad de la estructura de dominación patriarcal se termine vinculando exclusivamente al asesinato en sí mismo. El asesinato de mujeres es el corolario de una largo proceso de control, abuso, humillación y desigualdad que se ejerce sobre las mujeres y se expresa de múltiples formas.

Estoy esperanzada con el giro que han dado muchas conciencias hasta ahora sordas a esta problemática; lo veo en la calle y en mi entorno, y me alegra. Pero me preocupa que edifiquemos una dualidad entre machismo y asesinato en la que no quepa nada más y, entonces, el espejismo de la igualdad se haga todavía más sólido y más extenso.

No estamos todas.

Stop feminicidios.

7N. Marcha Estatal contra las Violencias Machistas

Decía María Pazos que la sociedad española sí está movilizada para frenar la violencia de género a diferencia de otras del norte, y que eso era algo que teníamos que aprovechar.

7N_1Nada más ilustrativo de esta conciencia colectiva que la marcha convocada en Madrid para este 7 de noviembre de 2015. Una MARCHA CONTRA LAS VIOLENCIAS MACHISTAS que pone de manifiesto la dificultad para nombrar un problema que adquiere múltiples matices y formas y que constituye la esencia misma del patriarcado. Las violencias machistas son muchas cosas, y de ahí la diversidad de términos empleados para nombrarla, incluso en el propio manifiesto: terrorismo machista, feminicidios, asesinatos, acoso laboral, violencia sexual, recortes sociales, control del cuerpo de las mujeres…

Las violencias machistas abarcan un problema estructural que necesita ser:

  • revisado y redefinido:

¿Qué son las violencias machistas y cómo se manifiestan?

¿Contra quién se ejercen y quién las ejerce?

  • atendido en su totalidad:

¿Cómo hacer frente a las violencias machistas?

¿En qué esferas de la vida social se manifiestan? (relaciones afectivo sexuales, amistades, familia, mercado laboral, ámbito educativo, espacios de militancia, entornos festivos….)

  • Respondido de forma colectiva: tanto a nivel institucional como civil (movimiento feminista, partidos políticos, profesionales y personal técnico, cuerpos de seguridad, judicatura, organizaciones sociales, ciudadanía…).

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Es importante que el máximo número de personas acudamos a esta marcha para poner de manifiesto que todo intento de construir o sostener una sociedad democrática en la que se trivializan las violencias contra las mujeres tendrá como resultado una democracia falsa y una igualdad ficticia.

Por ello, no hemos de perder de vista que las violencias machistas se originan en el propio funcionamiento del capitalismo heteropatriarcal y que, aunque cualquier paso que demos sea un logro y cualquier avance sea un triunfo, la profundidad de las medidas estructurales que necesitamos es tan honda, tan basta, que el camino sigue siendo largo.

Pero no quiero desalentar.

Al contrario, creo que la única forma de avanzar es pensando que efectivamente se avanza porque eso es lo que nos genera ilusión.

Y es la ilusión la que nos mueve.

Ana Fernández de Vega #veomujeres

#YoVoy7N

¡NOS QUEREMOS VIVAS!

¡NOS QUEREMOS FELICES! ¡NOS QUEREMOS POTENTES!

Parir

No me canso de repetir que hay puntos comunes en la diversidad de miradas feministas pero que hay también puntos muy distanciados, incluso antagónicos.

Muchas de estas posturas antagónicas giran en torno al cuerpo y están sobrevoladas por la idea de lo natural. Muchas feministas rechazan visceralmente todo lo que suene a esencialismo (como enfoque contrario a la construcción cultural). Y muchas feministas se agarran a lo específico de las mujeres como palanca para desmontar la dominación patriarcal.

Muchas otras feministas tratamos de situarnos en el medio o, mejor, entre todo.

Aquí quiero escribir sobre el acto de parir como una oportunidad para subvertir el modelo de dominación sobre las mujeres, y me gustaría remitiros a este video de la artista Ana Álvarez-Errecalde como un recurso visual para sostener mi postura.

Parir no es ser madre

La maternidad es un proceso en construcción. A mi modo de ver, no hay un conocimiento consciente ni una sabiduría previa que portemos las personas antes de experimentar lo que es tener una hija. Acaso, hay intuición. O la pulsión por conservar la vida.

El acto de parir no es una condición para la maternidad, es sólo una posible vía: hay madres que no han parido y hay parturientas que no llegan a ser madres.

Esta premisa es fundamental para poder desarticular la relación obligada entre un proceso fisiológico específico de los cuerpos sexuados femeninos (el parto) y la noción de maternidad.

¿Por qué es importante realizar esta desarticulación?

Porque es la única vía para defender la maternidad como un elección de las mujeres. La maternidad no puede ser entendida como un destino obligado, delimitado o imprescindible para la realización femenina si queremos defender nuestros derechos y nuestra autonomía. De esta defensa se ocupa el feminismo.

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Ana Álvarez Errecalde. Foto extraída de su web.

Parir puede ser un acto subversivo

De forma progresiva, se ha producido un paulatino incremento de la medicalización y de los conocimientos reglados expertos en torno a los procesos fisiológicos de las mujeres; históricamente, se ha dado la apropiación masculina de las prácticas, saberes y acontecimientos fisiológicos femeninos, como el embarazo, el parto y el puerperio. Las mujeres hemos sido expropiadas de procesos propios y conocimientos autogestionados como una consecuencia más de la inabarcable expansión del sistema de dominación patriarcal. Ea.

Para muchas mujeres, parir con autocontrol, conciencia y presencia es una forma de reapropiarse de la vivencia. Es una oportunidad para ejercer y demostrar-se el propio poder. Es, además, una manera de volver a la carne, a la sangre, a la materia que somos, y que las ideas estereotipadas de la maternidad han teñido de pulcritud y blanco. Reivindicar la materia es también defender las historias de las mujeres por oposición al imperio de lo racional, lugar en el que se alimenta el plus-valor de lo masculino.

Reivindicar un parto propio no trata de sospechar de las mujeres que paren siguiendo la senda marcada actualmente. (¿Quién, además, no sigue la senda marcada en algún momento, o hacia algún lugar?). El feminismo no quiere alimentar las sospechas sobre las mujeres, sino defender nuestra capacidad de elección.

Las incógnitas

¿Por qué precisamente son los aspectos más vinculados al cuerpo los que tienden a enfrentar a las feministas?

¿Por qué las mujeres sospechamos cuando las otras no cumplen con lo que creemos que debería ser la forma más acertada de comportarnos “como una mujer”?

¿Por qué tendemos a simplificar las cuestiones complejas cuando son la capacidad de reflexionar y la autocrítica lo que primero se comen los sistemas de dominación?

¿Por qué no nos apoyamos, coño, en las decisiones que tomamos?

 

Ángela. Octubre 2015.

Ángela. Octubre 2015.

Reivindicar

Reivindicar es la forma originaria de hacer valer nuestros derechos. El derecho a decidir es la base para garantizar la autonomía de las personas y nuestro desarrollo personal.

Reivindicar un parto propio, un parto sin violencia, un parto auto guiado es un acto político. Un acto político que yo entiendo como genuinamente feminista, porque el feminismo es, entre otras cosas, la pulsión por empoderarse de quienes han sido excluidas por no tener identidad masculina.

Quiero recordar aquí los nombres de tres mujeres cercanas que han hecho mucho por defender su decisión y libertad en el parto: a Ángela, mi hermana, por su tenacidad y bravura; a Pilar, compañera de militancia, por su compromiso con todas las mujeres; y a Ana Álvarez Errecalde, por su generosidad.

Apuestas feministas y por la diversidad funcional

El pasado 19 de septiembre de 2015 recorría Madrid la IX Marcha por la Visibilidad de la Diversidad Funcional y volvía yo a pensar sobre la necesidad de garantizar una vida independiente para todas las personas y cómo en muchos sentidos los reclamos feministas y los que surgen de la apuesta social por la diversidad tienen mucho que ver.

Puntos de encuentro

Señala Laura Viñuela que la concordancia entre las críticas al modelo patriarcal y al modelo social de la discapacidad reside en la diferenciación entre lo biológico y lo social.

Por un lado, el feminismo defiende la separación entre las características biológicas de los cuerpos y los roles que se les han atribuido históricamente a las mujeres y a los hombres. Es decir, el feminismo como teoría crítica y como apuesta política argumenta que las características, responsabilidades y modos de ser que atribuimos a las personas no derivan del sexo biológico per sé sino de la construcción social que los envuelve: el género.

marcha diversidadEn la misma línea, las críticas al modelo de la discapacidad también enfatizan la separación entre lo biológico y lo social en tanto que diferencia entre la “disfunción” y la “discapacidad”. La disfunción es lo meramente corporal: son las características del cuerpo físico y psíquico que afectan a la apariencia o al funcionamiento de la mente o cuerpo de las personas; mientras que la “discapacidad” es una noción que pone de manifiesto la restricción de la actividad personal motivada, no tanto o no sólo por el sujeto en cuestión, sino por un sistema social que no responde a las necesidades específicas de las personas con disfunciones.

Así, desde ambos enfoques teóricos cuerpo y sociedad son diferenciados y analizados al mismo tiempo, entendiéndose como partes inseparables del binomio que determina en buena parte posición ocupamos en el mundo. Y la determina porque construimos sociedades de eso modo.. igual que podríamos construir modelos sociales diferentes.

Rupturas normativas

El núcleo del enfoque feminista que distingue entre las características biológicas y los roles sociales es un camino directo hacia la flexibilidad identitaria en el sentido de que permite escapar a las personas de identidades esencialistas diseñadas de antemano al abrigo de parámetros inamovibles, eso que se podría resumir en la frase de “tú eres así porque eres mujer”.

Esta es una clave básica de la apuesta feminista: la distinción entre “sexo” (características físicas que identifican los cuerpos: masculinos, femeninos e intersexuales) y “género” (características sociales que se adscriben a los cuerpos sexuados masculinos o femeninos).

yes we fuckPor su parte, la diferenciación entre disfunción y discapacidad apela de forma directa a los modelos sociales que construimos y a cómo están diseñados para responder a un determinado tipo de sujeto y no a todos. Así, la crítica al modelo social de la discapacidad pone el acento en que los problemas de integración o adaptación de las personas con diversidad funcional no derivan tanto de ellas sino de la inadaptación de la estructura social a las necesidades que estas personas demandan. Es el modelo social el que refuerza la discapacidad mientras que son las personas las que somos diversas.

Horizontes

Tanto la perspectiva feminista como las apuestas de los movimientos de la diversidad funcional reorientan la mirada hacia los factores sociales que definen nuestras ideas de normalidad y capacidad:

¿quién encarna el sujeto normal?

¿Qué es una persona normal?

¿Qué es lo que hace capaces a las personas?

Mientras que la mirada feminista nos permite poner en cuestión el modelo normativo masculino a partir del cual se genera el valor entre los géneros, la crítica al modelo social que favorece la discapacidad nos invita a interrogarnos sobre el valor normativo de la capacidad a partir de donde se determina que las personas puedan o no llevar una vida lo más autónoma posible.

Un cruce de visiones imprescindible si se quiere mantener cualquier discurso sobre la identidad. Dos apuestas ineludibles en los movimientos políticos críticos que apuntan hacia la proyección de alternativas de vida social no discriminatorias.

Manzanas (o “El por qué de la foto de portada”)

Dicen que en nuestra cultura antigua la manzana simbolizaba la eterna tentación del ser humano a no reconocerse como criatura creada por Dios. El hecho de no reconocernos como “criaturas de Dios” implica un gesto soberbio, dicen, porque supone afirmarnos en el gobierno de nosotr@s mism@s, en la voluntad de no someternos a leyes no escogidas, en la elección de nuestro propio camino de vida y en la distinción, desde nuestra conciencia finita, entre lo que está bien y lo que está mal.

Ana Fernández de Vega

Las manzanas del pecado… y yo que me lo creo.

Yo creo que existe un halo de divinidad en cada una de las personas que somos.

Pero es una divinidad puramente humana –si es que eso puede existir-, una divinidad que nos conecta con las demás personas y con el entorno y nos reconoce como lo que somos: seres que encarnan la eternidad de la vida pero que terminan, que entienden, que aman y que se necesitan mutuamente. Seres con cuerpo, seres sexuados.

La manzana simboliza el fruto prohibido para quienes quisieron someternos a otras voluntades. Y no es casual que la portadora del fruto fuera una mujer.

Desde que lo entendí, adoro las manzanas.

Y tú, ¿por qué te depilas?

depilada descuidadaYo, que tengo cierta desconfianza hacia los feministómetros, dudo mucho de que el depilarse o no depilarse hable de un grado mayor o menor de identidad feminista. Yo creo en la elección porque creo en la capacidad crítica de las mujeres. Por ello, entiendo que la manera de enfrentar el mandato de género que obliga a las mujeres a depilarse no es necesariamente dejar los pelos crecer sino cuestionar la ciega asimilación de prácticas sociales femeninas.

 Ya decía June Fernández que la depilación femenina es “un mandato de género difícil de saltar”. A continuación, empleo un par de las afirmaciones que la directora de Píkara Magazine plantea en uno de sus últimos artículos para hilar mi postura sobre este tema.

Opciones que no son igualmente respetadas

Ana Fernández de Vega

Mis pelos y yo.

Yo no me depilo constantemente. Cuando estoy sin depilar siento las miradas reprobatorias de la gente. Esto provoca irremediablemente en mí una vergüenza pasajera y silenciosa que me ataca por la espalda. Me siento, por unos momentos, confundida. Entonces se me hace otra vez evidente lo fuertes y asentados que están los mandatos de género en nuestra forma de entender la feminidad y el decoro.

 Cuando estoy sin depilar incumplo las expectativas que se tienen de mí como mujer. Y cuando se da esta situación no puedo sino plantearme la disyuntiva clave: ¿qué es más importante para mí: la aceptación social en el cumplimiento del estereotipo femenino o la decisión que nace de mi propio pensamiento y actitud?

La depilación es una expresión más de la “violencia simbólica sexista y machista”

El estado de confusión y vergüenza antes descrito es encarnado en mi cuerpo como una situación de control sumamente desagradable que me debilita como sujeto individual. Cuando una situación pasa de ser un hecho aislado a convertirse en un acto sistemáticamente repetido, pasamos del ámbito de lo puramente experiencial al ámbito de la realidad estructural. Hete aquí que la estructura de sexo/género se ejemplifica límpidamente en la depilación femenina.

depilarse depende de dondeLa obligatoriedad de la depilación femenina reinante en nuestras sociedades es, sin duda, una expresión de violencia simbólica contra las mujeres que se resume en los tres puntos siguientes:

  1. Violencia sobre la que no se depila que se expresa en forma de irrespeto, cuestionamiento y rechazo.
  2. Violencia sobre la identidad de mujer que se elige y autoconstruye.
  3. Violencia canalizada a través de los mandatos y los estereotipos de género que son monstruos gigantes de imposición y pensamiento único.

Reducido a puro acto, depilarse o no depilarse habla de una cuestión puramente estética. Juzgar y valorar a las mujeres por este acto es una expresión del dominio machista sobre la imagen deseada del cuerpo femenino en la sociedad de mercado actual.

 Depilarse o no

depilar como soy yoUna de esas pequeñas grandes cosas que nos enseña el feminismo es que somos las mujeres las que debemos decidir qué hacer con nuestro cuerpo y cómo gestionarlo. Y, desde una decisión reflexionada y crítica con el androcentrismo, querernos y nunca boicotearnos.

No depilarse es, cuando menos, un acto de gallardía feminista. Pero depilarse es también el resultado de una decisión personal. Asegúrate realmente de que cuando te depilas lo haces siendo consciente del cumplimiento con un determinado estereotipo femenino. Si lo dudas, déjate el vello crecer… y a ver qué pasa.

 Colofón

La libertad de elección que otorga el feminismo a las mujeres es una de las bases del empoderamiento. El feminismo construye mujeres críticas y fuertes, conscientes de su identidad de género y combativas contra cualquier atisbo de amenaza machista.

Quien se crea en legitimidad de cuestionar nuestro criterio, higiene personal o identidad por este u otros mandatos de género no es más que una persona necia y superficial. Y para mí no existen peores insultos.

No te pierdas…

Rocío Salazar – Ilustradora (Gracias por tu arte feminista tan lleno de gracia y verdad)

Tanto revuelo por unos pelos… June Fernández.

Somos chicas y chicos, pero ¿desde cuándo?

Apenas ha cumplido los cinco años y mi hijo ya tiene muy claro qué cosas son de chicos y cuáles no. La sociedad está haciendo bien su trabajo.

Sin darnos apenas cuenta, transmitimos a las niñas y niños pequeñ@s valores y formas de “ser chico” y “ser chica” que, al mismo tiempo que les permite construir una identidad basándose en mensajes seguros, les encorseta en una manera de estar y ser en el mundo ceñida a los mandatos del género. Qué grande es el poder del género, cuán inmensamente está impregnado en nuestros chips mentales y afectivos.

Soy niña0001 Soy niño

 ¿Por qué desde el feminismo le damos tanta bola a la reproducción social del género? Las respuestas son muy diferentes según hablemos desde uno u otro lugar del feminismo; la que yo tengo es que el género, en muchas ocasiones, nos constriñe, nos impide y nos dificulta la vida. El género dicotómico es un productor de desigualdad. Quizá no lo vemos fácilmente en l@s pequeñ@s pero el tiempo nos lo mostrará.

Os voy a contar un ejemplo curioso que mi hijo ha interiorizado con suma naturalidad a partir de los estímulos y mensajes sociales que ha recibido y que, como tod@ niñ@, ha absorbido cual esponja:

Los chicos no llevan las uñas pintadas

Desde pequeño, cuando mi hijo me veía pintarme las uñas me decía: “Yo también quiero”. Así que yo (¿por qué no?) se las pintaba.

Al principio, solamente le pintaba las uñas de los pies: las normas de género actuaban sin piedad sobre mi quehacer materno y yo pensaba que si le pintaba las uñas de las manos mi hijo recibiría comentarios incómodos. Y yo, como protectora madre, quería protegerle ante todo peligro.

[Mensaje de género transitido a mi hijo: “Eres un niño y debes cumplir, por encima de tus gustos, con los mandatos de género. Si no lo haces, serás vilipendiado”].

Poco a poco me fui yo misma resituando en esta cuestión (por encima de los comentarios no siempre divertidos de la gente adulta del entorno) y terminé pitándole también las uñas de las manos. Tan guapo que iba.

Hasta que un día….

“Mamá, hoy también quiero que me pintes las uñas pero no para el cole… me dicen que eso es de niñas y se ríen de mí”.

¡Horror! En mis esfuerzos por vencer las resistencias adultas, olvidé que el grupo de iguales iba a ser en el colegio la mayor referencia de mi pequeñuelo… Y es que  las normas de género actuan sin piedad también sobre l@s demás, pero muchas veces con un agravante: no tod@s consideran que estas normas son limitantes.

La cosa es que yo ya estaba totalmente resituada y mi hijo-como tantos otros- no se deja vencer fácilmente así que lo que estamos entrenando es una respuesta elegante que le permita ser y hacer como él desea: “Tú diles, con gracia y simpatía, que son unos anticuados”.

[Mensaje de género transitido a mi hijo: “Tu voluntad de ser es la que guía los pasos que das. No dejes que te avasallen: construye el niño que tú deseas ser”]. 

Mi hijo, como de hecho otros que conozco en nuestreo entorno, tendrá que aprender a convivir con las contradicciones de género que él mismo experimenta y, poco a poco, situarlas en su interior y decidir qué hacer con ellas.

Para mí, esta manera de enfrentar junto con l@s niñ@s un mandato de género es muy importante. Y lo es por tres razones:

1. Porque cuando somos pequeñ@s y estamos aprendiendo lo que es el mundo y a situarnos en él es cuando los mandatos de género impregnan más profundamente nuestro chip actitudinal y emocional.

2. Porque enseñar a las niñas y los niños a priorizar la expresión de sus sentimientos y opiniones por encima de lo que se espera de ellas y ellos como niñas y como niños es una forma de subvertir las normas de género que nos encorsetan la vida.

3. Porque hacer visibles las pequeñas y cotidianas manifestaciones del género es el paso previo para identificar las desigualdades que se derivan del sistema de sexo/género estructural.

4. Y porque enseñarlos desde pequeñ@s a combatir las imposiciones del género puede ser una manera de prepararlos para combatir las desigualdades entre mujeres y hombres cuando sean adult@s.

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