Good bye, Indica con Género

Dicen que todo tiene un inicio y un final. A mí, sin embargo, nunca me resultó fácil discernirlos.

Las ideas, las relaciones, los cambios, se van gestando poco a poco y responden al juego de fuerzas e influencias de varios factores simultáneos. A veces, simplemente, nos cuesta identificarlos a todos.

Indica con Género empezó a terminar hace tiempo.

Pero Indica con Género ha sido el principio de mi actual web y de #veomujeres. Y quizá también de otros proyectos.

Ha sido guay.

Me he encontrado con muchas compañeras potentes. Me he comprometido un poco más conmigo, con el feminismo, con la escritura y con la construcción de las ideas.

Y lo seguiré haciendo pero, a partir de ahora, en el espacio blog de mi nueva web, http://anafernandezdevega.es/blog/

Esta es mi última entrada en este blog.

Gracias a quienes me habéis dado soporte, guerra, cariño y caña.

Un nuevo tiempo ha empezado.

by IconG

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La “no-imagen” de las mujeres adictas

[Participación en la Mesa de Debate de la Jornada Mujer y Drogas organizada por la Fundación Atenea. Madrid, 21 de abril de 2016]

Pregunta: ¿Qué imagen existe de las mujeres consumidoras y adictas?

Respuesta: Sobre la imagen de las mujeres consumidoras de drogas yo creo que hay que señalar dos aspectos simultáneos que se retroalimentan mutuamente.

 En primer lugar, uno que tiene que ver con la propia sustancia y con la imagen general que tenemos de ella en la sociedad. Como sabéis, por diversos factores, no todas las sustancias están cargadas con la misma simbología ni el mismo significante a nivel social. Este hecho repercute directamente, como es lógico, en la imagen que tenemos de las mujeres (y de los hombres) consumidores. No lo podemos perder de vista.

 Pero en paralelo a este primer aspecto tenemos uno que nos habla precisamente de la “no imagen” de las mujeres consumidoras, de la falta de un imaginario de consumo con características femeninas propias. Esta “no imagen” se deriva de un proceso inconsciente e ideológico muy profundo que tiene que ver con la mirada androcéntrica y que supone la invisibilización de las mujeres consumidoras y adictas por medio de la asimilación de los modelos de consumo masculinos.

 

En relación con el primer aspecto [el valor o el sentido que cada sustancia tiene socialmente] pienso que lo más importante es señalar cómo las ideas preconcebidas sobre cada sustancia las asumimos instantáneamente en nuestra interpretación de las personas que las consumen. Este es un proceso realmente lógico, que tiene sentido en sí mismo pero que tiende a reforzar los estereotipos que tenemos sobre las personas consumidoras impidiéndonos profundizar en la complejidad del consumo.

 

En otras palabas, los valores que asociamos a cada sustancia alimentan cada estereotipo de persona consumidora de tal modo que sustancia y persona-que-consume forman una especie de tándem indisoluble. Y así es como tendemos a creer, por emplear algunos tópicos, que las personas que consumen heroína son delincuentes natas, que las personas alcohólicas carecen de empleo, que las que fuman cánnabis son nihilistas, que las que toman éxtasis ni estudian ni trabajan, que las que esnifan cocaína están forradas de dinero y que las que toman hipnosedantes de forma cotidiana es porque simplemente duermen mal.

 

Este tipo de ideas forman parte del imaginario de cada sustancia. Así, una persona que consuma una determinada droga, asumirá las características o sentidos que le atribuimos a la sustancia en sí misma, independientemente de si son mujeres u hombres.

 Pero ahora llegamos a un punto importante. En tanto que los imaginarios nos hablan de las creencias e imágenes colectivas, ¿bajo qué prisma se generan estas creencias e imágenes? ¿Con qué mirada? ¿Desde la experiencia de quién?

 Quienes creemos que el androcentrismo forma parte del campo normativo de nuestra sociedad, quienes consideramos que la experiencia masculina atraviesa la supuesta neutralidad epistemológica de nuestros conocimientos, opinamos que el imaginario de cada sustancia se nutre precisamente de las realidades masculinas.

Y aquí entramos de lleno en el segundo aspecto que yo quería destacar, en la idea de una “no imagen” propia de las mujeres consumidoras. La imagen que tenemos de las mujeres consumidoras está atravesada por el velo de la experiencia masculina.

 

Esto no quiere decir que no haya características similares entre las consumidoras y los consumidores. Lo que yo quiero subrayar es la cadencia que socialmente tenemos a asumir que las realidades de los hombres consumidores de drogas son válidas también para las mujeres. Cadencia que nos impide seguir investigando y profundizando sobre la verdadera complejidad del fenómeno del consumo de drogas que, como todos los fenómenos sociales, está atravesado por la variable del sexo/género.

 Es decir, en tanto que la imagen global que tenemos de personas consumidoras de drogas es principalmente masculina, cuando queremos expresar la imagen que tenemos de las mujeres consumidoras y adictas lo que tendemos a hacer es traspasar el estereotipo masculino a las mujeres, de tal manera que lo que hacemos es reproducir una imagen masculinizada de las consumidoras.

No obstante, y sin querer caer en contradicciones, es preciso tener en cuenta también que el estereotipo de lo que es la feminidad empapa profundamente también la imagen social de las mujeres consumidoras o adictas, especialmente de éstas últimas.

La feminidad es, en términos generales, como una especie de estado puro e inmaculado al que nos cuesta asociar a comportamientos divergentes, trasgresores,  dañinos u obscenos. Y cuando asociamos este tipo de comportamientos a la feminidad estamos, de algún modo, quebrando la imagen hipotética de lo que “debe ser” la feminidad.

 Así que, de alguna manera, las mujeres que consumen drogas (del mismo modo que las que no responden a la norma corporal, sexual o actitudinal) están ejerciendo una ruptura con lo que se espera de ellas mismas en tanto que mujeres. Esto no es una ruptura valerosa, como pueden ser otro tipo de rupturas normativas, sino condenable: las consumidoras no están haciendo lo que deben ni para ellas mismas ni para la sociedad.

 

Esto produce, finalmente, que la imagen que tenemos de las mujeres consumidoras tenga, a veces de forma muy sutil, una carga peyorativa extra respecto a los hombres. Muchas consumidoras así lo manifiestan al definir la imagen que creen que la sociedad tiene de sí mismas y al expresar su auto concepto. Esta misma idea es también manifestada por muchas y muchos profesionales y estudiosas del sector como bien se ha podido comprobar en diversas ocasiones (Patricia Martínez Redondo, Nuria Romo…)

 

Para terminar con esta pregunta me gustaría remarcar una última idea, y es que debemos seguir insistiendo, como ya están haciendo muchas profesionales, algunas de las cuales participan también en esta Jornada, en hacer un esfuerzo extraordinario para que exista una imagen propia de las mujeres consumidoras y adictas.

Sólo desde aquí es posible trabajar provechosamente y con enfoque de género en los procesos de intervención, acompañamiento, cambio y sensibilización social en relación con las sustancias y su consumo… y mejorar así de verdad las intervenciones, optimizar los recursos y revertir positivamente en quienes son las verdaderas protagonistas.

Las mujeres se drogan

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Uno de los aspectos que sobresalen cuando se aborda el fenómeno de las drogas desde el enfoque de género es la necesidad de que las características del consumo de las mujeres puedan emerger con nombre propio en los análisis, proyectos o políticas públicas.

Desde los servicios, instituciones y organizaciones de atención y prevención se tiende a reproducir una visión androcéntrica del fenómeno que invisibiliza las realidades femeninas. Esta tendencia deriva en el entendimiento sesgado de la complejidad del fenómeno y puede producir ineficacia de la intervención. Todo apunta también  a que genera desigualdad de género en relación con el acceso y uso de los recursos disponibles.

Una forma adecuada de romper con la invisibilización de las mujeres en el mundo del consumo de sustancias es poner en valor su experiencia por medio de la participación activa en la generación de conocimiento. Sólo a través de su voz y del relato de sus propias historias de vida las características de su consumo podrán aparecer como propias, ajenas a una idea neutral del uso de drogas que proviene de entender la experiencia masculina como única y generalizable.

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No obstante, fomentar la participación de las mujeres no siempre es fácil, ni en relación al consumo de sustancias psicoactivas ni en relación a otros aspectos de la realidad.

Dadas las condiciones específicas del sistema de sexo/género, y los diferentes condicionantes normativos que definen la posición de mujeres y de hombres en la sociedad y en los procesos participativos en particular, es necesario que desde los equipos de planificación y análisis se haga un esfuerzo extra para favorecer la incorporación femenina activa en los procesos de identificación de problemáticas, diseño de actuaciones o evaluación de intervenciones.

Por ejemplo, durante la fase de definición de problemáticas se les puede preguntar por la funcionalidad que asocian ellas mismas a las sustancias consumidas o por los significados, implicaciones y fines que el tratamiento tiene para ellas.

Lo ideal es que la perspectiva de las mujeres consumidoras o ex consumidoras sea contrastada con la de los hombres, de tal modo que pueda manejarse información atravesada por la especificidad del sexo/género. Y es que, aunque pueda parecer banal, este procedimiento permite a las mujeres (y a los hombres) colocarse en una posición activa desde sus conocimientos. Conocimientos que, seguramente, son implícitos y difíciles de expresar o nombrar, pero que forman parte del relato de su vivencia porque los han ido desarrollando a lo largo de su relación con las drogas.

En definitiva, la detección de problemáticas diferenciales y el diseño de medidas específicas para sobrepasarlas empieza con la participación de mujeres y de hombres en su auto diagnóstico. En palabras de una de las investigadoras que más ha trabajado esta línea:  se trata de identificar qué partes de su proceso vital [marcado por el género] se relacionan directamente con el problema de drogodependencia (Patricia Martínez, 2009).

Mediante este tipo de interpelaciones se persigue un objetivo concreto: incorporar el enfoque de género en las intervenciones, sean éstas públicas o privadas, de tal modo que el proceso de acompañamiento y, en su caso, cambio, respecto a conductas dañinas o tóxicas pueda molderase alrededor de las necesidades y deseos específicos de las mujeres y de los hombres a quienes se destinan los recursos.

Porque somos diversas por muchas razones y porque el sexo/género sigue siendo una trascendental. También en relación con las drogas.

 

[Los contenidos de este post derivan del trabajo realizado junto con Valentina Longo para el curso de Intervención Social en Drogas e Igualdad de Género de la Fundación Atenea]

Las Reinas Magas de Occidente

Resulta que muchas personas (y personalidades) se han echado las manos a la cabeza por una propuesta que, a mi juicio, es bastante esperable.

 Mucha gente se ha revuelto por la propuesta de la Alcaldía de Madrid de contar con alguna mujer (en vez de con un hombre, como es habitual) que hiciera de Rey Mago. Algunos barrios de la capital han ido más allá y contarán finalmente con una mujer pero que hará de Reina Maga, sin travestismos.

 Pues me parece fenomenal.

Liniers

No entiendo bien por qué tantos aspavientos. Es una propuesta bastante esperable que, queramos o no, tiene un importante valor simbólico. No ya tanto el hecho de contar con una mujer travestida de Rey Mago (que me parece el pasito previo a la rotundidad de la Reina Maga) sino el hecho de plantearnos la necesidad de subvertir también en esta ocasión el orden masculino asumido con tanta naturalidad.

No soy conocedora de las Sagradas Escrituras así que no puedo demostrar por mí misma la forma en que los “reyes” Magos fueron nombrados en el inicio de los tiempos de esta nuestra santa tradición espectacular y consumista. Pero voy a darle un voto de confianza a Barbijaputa, que parece haberse empollado el texto y afirma que la única referencia bíblica a los Reyes Magos es la siguiente:

“Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente (…) Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

Así que,

 

  • ¿Qué nos ofusca tanto: la ruptura con la tradición religiosa o con la tradición en general?
  • ¿Qué nos parece tan mal: que pongamos en juego la ilusión fantástica de las niñas y niños o que sencillamente pongamos en evidencia la primacía masculina en nuestras representaciones culturales de la festividad navideña?
  • ¿Qué nos parece más sectario: mover las piezas del juego para fomentar la reflexión sobre las reglas establecidas o defender son sorna e indignación el statu quo?

 

El Roto

Oigan lo que me parece:

 

Me parece que le damos mucha importancia a cosas pequeñas (como la incorporación de mujeres en el tradicional festejo) y poca importancia a grandes cosas (como la apuesta por la visibilidad del sexo generalmente menos representado en el imaginario cultural).

Me parece que nos enfada que nos tambaleen lo que teníamos tranquilito y sencillamente asumido.

Me parece que, quizá, la Maga (o magas, oye) se quedaron las pobres ocultas en el masculino genérico de “Magos”. Eso nos pasa entonces por hablar con lenguaje confuso. Si al final todo vuelve.

Y me parece que nos faltan algunos revolcones, un poco más de inventiva y algo más de amplitud. Porque, si realmente lo hemos inventado todo, ¿qué nos impide seguir haciéndolo?

el desosido

El descosido

PD. Apunta mi amiga Reme con gran acidez que en los colegios femeninos (ella fue a uno), cuando se presentaba el Belén viviente, a San José lo encarnaba la más alta de la clase (travestida, claro),  a la Virgen ¡la más rubia! (muchas rubias por esa zona geográfica, sí) y al angelito la más menuda.

Pues eso.

Apuestas feministas y por la diversidad funcional

El pasado 19 de septiembre de 2015 recorría Madrid la IX Marcha por la Visibilidad de la Diversidad Funcional y volvía yo a pensar sobre la necesidad de garantizar una vida independiente para todas las personas y cómo en muchos sentidos los reclamos feministas y los que surgen de la apuesta social por la diversidad tienen mucho que ver.

Puntos de encuentro

Señala Laura Viñuela que la concordancia entre las críticas al modelo patriarcal y al modelo social de la discapacidad reside en la diferenciación entre lo biológico y lo social.

Por un lado, el feminismo defiende la separación entre las características biológicas de los cuerpos y los roles que se les han atribuido históricamente a las mujeres y a los hombres. Es decir, el feminismo como teoría crítica y como apuesta política argumenta que las características, responsabilidades y modos de ser que atribuimos a las personas no derivan del sexo biológico per sé sino de la construcción social que los envuelve: el género.

marcha diversidadEn la misma línea, las críticas al modelo de la discapacidad también enfatizan la separación entre lo biológico y lo social en tanto que diferencia entre la “disfunción” y la “discapacidad”. La disfunción es lo meramente corporal: son las características del cuerpo físico y psíquico que afectan a la apariencia o al funcionamiento de la mente o cuerpo de las personas; mientras que la “discapacidad” es una noción que pone de manifiesto la restricción de la actividad personal motivada, no tanto o no sólo por el sujeto en cuestión, sino por un sistema social que no responde a las necesidades específicas de las personas con disfunciones.

Así, desde ambos enfoques teóricos cuerpo y sociedad son diferenciados y analizados al mismo tiempo, entendiéndose como partes inseparables del binomio que determina en buena parte posición ocupamos en el mundo. Y la determina porque construimos sociedades de eso modo.. igual que podríamos construir modelos sociales diferentes.

Rupturas normativas

El núcleo del enfoque feminista que distingue entre las características biológicas y los roles sociales es un camino directo hacia la flexibilidad identitaria en el sentido de que permite escapar a las personas de identidades esencialistas diseñadas de antemano al abrigo de parámetros inamovibles, eso que se podría resumir en la frase de “tú eres así porque eres mujer”.

Esta es una clave básica de la apuesta feminista: la distinción entre “sexo” (características físicas que identifican los cuerpos: masculinos, femeninos e intersexuales) y “género” (características sociales que se adscriben a los cuerpos sexuados masculinos o femeninos).

yes we fuckPor su parte, la diferenciación entre disfunción y discapacidad apela de forma directa a los modelos sociales que construimos y a cómo están diseñados para responder a un determinado tipo de sujeto y no a todos. Así, la crítica al modelo social de la discapacidad pone el acento en que los problemas de integración o adaptación de las personas con diversidad funcional no derivan tanto de ellas sino de la inadaptación de la estructura social a las necesidades que estas personas demandan. Es el modelo social el que refuerza la discapacidad mientras que son las personas las que somos diversas.

Horizontes

Tanto la perspectiva feminista como las apuestas de los movimientos de la diversidad funcional reorientan la mirada hacia los factores sociales que definen nuestras ideas de normalidad y capacidad:

¿quién encarna el sujeto normal?

¿Qué es una persona normal?

¿Qué es lo que hace capaces a las personas?

Mientras que la mirada feminista nos permite poner en cuestión el modelo normativo masculino a partir del cual se genera el valor entre los géneros, la crítica al modelo social que favorece la discapacidad nos invita a interrogarnos sobre el valor normativo de la capacidad a partir de donde se determina que las personas puedan o no llevar una vida lo más autónoma posible.

Un cruce de visiones imprescindible si se quiere mantener cualquier discurso sobre la identidad. Dos apuestas ineludibles en los movimientos políticos críticos que apuntan hacia la proyección de alternativas de vida social no discriminatorias.

Yo quiero ser una de esas mujeres

“Las urnas han hablado y han dicho que queremos una primavera liderada por mujeres que hagan florecer el cambio. Mujeres revolucionarias y revolucionantes, alegres, aguerridas, generosas y valientes…”  Carne Cruda, 26 de mayo de 2015.

Yo siempre he querido la política.

Un amigo me dijo una vez que yo era “amante de la ideología”. Lo que yo era en realidad era una defensora del crear colectivo, de la vida mejor, de las respuestas a las dificultades de vivir junt@s. Eso de lo que ahora tanto se habla pero que lleva latiendo tanto tiempo.

Queriendo de esta manera la política he seguido siempre. Aprendiendo y construyéndome con tantas y tantas compañeras en la facultad, en Samba da Rua, en el Laboratorio Feminista, en los colectivos y en las asociaciones, en los espacios comunes… porque la política, carajo, se hace en el día a día.

Y por fin, hoy, tengo referentes femeninos que me ilusionan de verdad.
Por fin hoy han llegado a primera línea de nuestro entorno algunas mujeres a las que sé que voy a admirar cada día un poquito más.

Son las mujeres que nos hacen falta.

Y lo mejor de todo es que sé que son solamente la cara visible de todas las demás mujeres que han hecho posible todo esto, que han labrado el camino que nos ha llevado hasta aquí hoy.

Mujeres como las que me gustaría ser.

Cómo no voy a estar contenta.

Las feministas de verdad (no) son activistas

Este año me he dado cuenta por fin de una realidad que tenía frente a mis ojos pero que no conseguía enfocar. Soy tan necia a veces que no veo lo que tengo delante de mis narices.

La realidad es que no todas mis amigas feministas son activistas. La cruda realidad es que alguien puede ser firme defensora de unos ideales, unos principios o un modelo social y hacerlo tranquilamente desde su casa. La verdad aplastante para mí es que tengo amigas feministas maravillosas que prefieren tomarse para sí una tarde de domingo que hacer cualquier tipo de activismo.

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Evidentemente, esta paradoja social es extensible a cualquier tipo de posicionamiento político.

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Ahora, yo me pregunto: ¿existe una relación directa entre el grado de compromiso con una idea o proyecto político y el grado en que nos movilizamos para lograrlo? ¿Tiene la misma legitimidad la opinión de quien se define en un determinado ámbito del espectro ideológico/político que la propuesta de quien se moviliza socialmente para conseguirla? O, en otras palabras, ¿es el activismo (feminista o no) una condición para ostentar autoridad sobre una cuestión social?.

En toda esta amalgama de preguntas me he pasado lo que llevamos de marzo dando giros y giros para aceptar tal cual son a mis amigas hipercríticas  (feministas u otras cosas peores) y reprimir mi estrafalario espíritu censor. Pero soy odiosamente meticulosa y lamentablemente (femi)nazi y no puedo evitar que me chirríe que a la gente se le llene la boca de crítica social mientras no mueven un solo dedo por construir colectivamente la alternativa de lo que tanto critican.

social activism

El caso es que yo siempre he sido fan de la micropolítica y así lo intento siempre repetir: existe un inmesurable impacto social en las pequeñas revoluciones cotidianas que hacemos cada día cada una.

Y sé a carne sufriente que la vida (pos)moderna es atareada y no tenemos tiempo de nada (salvo para hablar y criticar mucho el sistema).

Pero no puedo reprimirme en decir que por muy complicadas que tengamos las cosas, por mucha revolución cotidiana que hagamos en nuestro universo microsocial, los cambios verdaderos sólo los logramos en colectivo, unidas, en red. En la calle. Y me jode que tanta gente chula e interesante no se haga parte de algunas o todas las movilizaciones existentes y sobre las que tanto opinan.

Será que aún viven creyendo que el mundo de las ideas se basta en sí mismo.

Participación política y mujeres. La experiencia del Círculo de Majadahonda

Llevo unos días pensando en que las barreras invisibles son más altas de lo que pensábamos. Me gustaría decir incluso que son “más invisibles” de lo que creíamos pero eso ya sonaría muy raro.

La participación política de las mujeres es menor. Lo es en cantidad y lo es en compromisos adquiridos. Yo estoy segura de que estos hechos derivan de una estructura desigual primigenia (¿A alguien le suena el sistema de sexo/género?) pero, obviamente, habrá quien atribuya el origen a hechos puramente casuales, actitudinales u opcionales.

Y yo les pregunto: ¿Qué pasa cuando comprobamos que un hecho se repite un día y otro día? ¿Qué pasa cuando ese hecho se manifiesta también en otros lugares, de forma similar? ¿Qué pasa cuando el tiempo transcurre y ese hecho sigue sucediendo? ¿Qué pasa cuando las mismas pautas son compartidas por diferentes personas en muy distintos lugares y circunstancias?

¿Cuándo pasa algo de lo casual a lo sistémico?

Es más, ¿cómo hacer visible lo sistémico para comprender la realidad que nos rodea y transformarla si la queremos de otro modo?

La reflexión que surge a raíz de estas preguntas es el marco perfecto para el contenido de este post.

 

Participación por sexo en la 9ª Asamblea del Círculo Podemos Majadahonda

En esta Asamblea como en las anteriores la presencia masculina es mayor.

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La presencia por sexo se mantiene en los cuatro momentos de recogida de datos (19.30h, 20.00h, 20.30h, 21.00h) en un intervalo porcentual que se sitúa entre el 31,6% de mínimo y el 42,3% de máximo para las mujeres y el 57,7% de mínimo y el 68,4% de máximo para los hombres.

La participación activa en las tomas de palabra totales que se produjeron en los momentos de debate abierto de la Asamblea arrojan unos datos proporcionales semejantes al rango de presencia. De las 29 veces en que se tomó la palabra, el 34,5% lo hicieron mujeres (10 veces) y el 65,5% lo hicieron hombres (19).

gráfico 2_9a asamblea

En relación con la participación oral activa es preciso anotar que la heterogeneidad individual masculina es significativamente mayor a la femenina, al centralizarse la toma de palabra femeninas en 3 mujeres individuales frente a un rango situado entre los 6-7 hombres. Esta pauta se viene repitiendo en todas las Asambleas y deriva del hecho de que existe un mayor número activo de hombres que de mujeres en este espacio de participación política.

¿De qué nos están hablando estos datos?

Fundamentalmente de dos cosas:

  1. De cómo se manifiesta la desigualdad de género en la participación política al nivel del Círculo de Majadahonda como reflejo de una situación estructural más amplia, lo cual es sostenido con los datos que han sido recogidos en las pasadas Asambleas y con las experiencias que se están produciendo en otros Círculos y en el contexto de Podemos en general.
  1. De la importancia de diseñar maneras que favorezcan una participación igualitaria de mujeres y hombres en nuestro en Círculo en particular y en el contexto político de Majadahonda (y del mundo!) en general.

Que las mujeres estemos en los espacios de participación política y ciudadana con menos frecuencia y que asumamos menos responsabilidades en ello es un hecho probable. Las causas son múltiples pero éstas no pueden circunscribirse exclusivamente al ámbito de la voluntad o al deseo primigenio ajeno a cualquier interferencia social. La sociedad nos atraviesa y condiciona diferentemente según seamos mujeres y hombres. El enfoque de género nos posibilita entender precisamente que el ser hombre o mujer determina nuestra posición y situación social. El feminismo aboga por que nacer hombre o mujer no condicione nuestro lugar en el mundo, no repercuta negativamente en nuestra capacidad de incidencia social, ni en nuestras oportunidades ni en nuestras maneras de expresarnos.

Yo creo que la participación ciudadana nos hace más grandes. Y es una cuestión de igualdad y justicia social que hagamos lo posible por permitirnos a mujeres y hombres participar plenamente.

 

Amas de casa, uníos

Dice Rosell que las amas de casa (y “amos”, que en este caso no se ha olvidado del sexo menos representado) se apuntan al paro para intentar cobrar un subsidio. Y, claro, en ese afán por pillar cacho del pastel que es cada vez menor, lo que están haciendo las sinvergüenzas es falsear los datos de desempleo real. Cómo se atreven.

Rosell, desde su amplio conocimiento como presidente de la CEOE, se queja y bien quejado de los tremendos errores que poseen nuestras fuentes estadísticas a la hora de contabilizar las diferentes categorías de población activa. Porque unas fuentes cuentan a unos colectivos y otros no y, así, no es de extrañar que los datos se tergiversen.

amas de casa

Pero hete aquí que a Rosell se le olvida un detalle fundamental: se le olvida que lo que no cuentan ni unas ni otras estadísticas, lo que nunca es contabilizado como aporte social, lo que nunca es hecho visible en ninguna estadística de empleo, riqueza de un país o funcionamiento social es, precisamente, el trabajo que realizan las amas de casa. Esas mismas que, en su tedio cotidiano, salen a la calle para hacer cola en el Inem. Un plan divertidísimo.

 En ese sistema de contabilización nacional –y, por extensión, en todas y cada una de las cabecitas pensantes del androcentrismo capitalista– las amas de casa son inactivas y, como tales, no tienen derecho a ningún salario, pago o subsidio. Lo que hacen no se paga. Ni si quiera tienen derecho al reconocimiento porque lo que las amas de casa hacen casi que ni existe: es fácil, ingrato, es poco, no se ve y, último pero no menos importante, lo saben hacer desde que nacieron. Por el solo hecho de ser mujeres. Un regalo de la naturaleza.

La división sexual del trabajo estalla en las manos de Rosell sin éste apenas buscarlo.

Fundamentalmente, en términos de dos debates clave: por un lado, el que pone en cuestionamiento la dicotomía entre producción-valor / reproducción-no valor (utilizando el marco de Leopoldina Fortunati) sobre la que se asienta ficticiamente el capitalismo y, por el otro, el que enfrenta las posturas entre trabajo doméstico remunerado sí o no.

En tiempos de crisis como el actual, en el que de un lado nos limitan la autonomía política y económica por medio de la expoliación de derechos, y en el que del otro lado emergen con fuerza formas tradicionalmente marginales de movilización política y ciudadana, el feminismo vuelve a situarse como eje indispensable de cualquier alternativa al actual sistema que se quiera imaginar y construir. ¿Qué cuestión social no ha atravesado el feminismo haciéndola visible y enriqueciéndola conceptual y políticamente?

  •  Es necesario replantear el concepto de trabajo (como bien se viene haciendo desde la Economía Feminista) de forma que afecte a la contabilización estadística tanto como al imaginario colectivo, entendiéndolo como toda actividad humana que sostiene la sociedad, independientemente del espacio en el que es realizada y de quién la realice.
  • Es necesario recuperar en nuestros debates políticos la urgencia de romper con la artificial división entre lo productivo y lo reproductivo, partiendo del entendimiento de ambos tipos de actividades como trabajos equivalentes que han mantenido funcionando la sociedad a lo largo del tiempo.
  •  Es necesario pelear la idea de que todo trabajo merece un pago y que el problema no está en el pago en sí mismo sino en aspectos como la naturalización por sexo de los diferentes tipos de trabajo, en este caso.

Amas de casa, uníos.

 

Mamá Noel no existe.

mamanoelEstaba yo dándole vueltas al último post que publicaré este año y pensé que sería divertido hacer una irónica llamada a las reinas magas y mamás noelas que hay en todas las casas y que, sin embargo, parece que están como ausentes… y es que, ¿acaso no te habías cuestionado alguna vez por qué demonios no hay una figura femenina preponderante en nuestros imaginarios navideños? (Bueno, sí, al margen de la Virgen María que es un ejemplo puro pero un poco desfasao, no?).

Al principio tanteé la posibilidad de escribir sobre todo aquello de los juguetes sexistas y la horrorosa publicidad diferencial que hacen las grandes empresas y tiendas jugueteras -y que las madres y padres, abuel@s y etcétera acatamos sin mucha pelea- pero es un tema harto trillado ya y no me veía aportando yo alguna otra idea interesante o divertida en esta cuestión.

Pero mira tú que en esas cábalas se me ocurrió una cosa sencilla y fácil de poner en práctica en cualquier momento.

Busca  en imágenes de google “papá Noel”.

…..

Te encontrarás en casi todas las imágenes un hombre regordete y entrañable, feliz de ser tan generoso y cargadito de regalos para tod@s nosotr@s.

 Busca ahora “mamá Noel”.

…..

Fiu. No sé si cortarme las venas o dejármelas largas que diría una amiga.

….

Me dice un pajarito mientras escribo que estaba claro que iban a aparecer ese tipo de imágenes porque “mamá Noel no existe”. Claro, claro que no existe pero fíjate qué curioso: Papá Noel sí existe (bueno, ya, sí pero no) y sin embargo la mayoría de las imágenes de él que nos encontramos son solamente dibujos. Por el contrario, Mamá Noel no existe de verdad de la buena y casi todas las imágenes que encontramos en google images son de mujeres vivitas y coleando. Y tan.

Paradojas de la navidad.

Es decir, a pesar de que a papá Noel nunca nadie le ha visto, le sabemos dibujar todo el mundo prácticamente igual porque no tenemos duda de cómo es –buen trabajo el de los medios, sin duda. Y a mamá Noel, que  tampoco nadie la ha visto nunca, la imaginan en cambio súper cañón y súper sexual, con carita golosa, canalillo visible y culo redondo y prieto como dos buenas bolas de nieve. Tanto es así que en un simple dibujo no quedaría bien: sin duda es mejor que la represente una mujer de carne y hueso.

question christimasY bien, ¿qué hacemos con esta información visual tan jugosa? ¿De qué nos valen los indicadores de género en todo este cóctel de gorritos, posturitas, regalitos y disfraces rojos?

Por jemplo, una forma sencilla y cuantitativa de hacer a esto una lectura de género con indicadores sería la de contabilizar primero las imágenes totales de mamás noelas y papás noeles. A cada uno de esos totales podríamos sacarle sus respectivos porcentajes de imágenes sexualizadas. Ya sabemos quién arrasaría.

Paralelamente, se me ocurre que podríamos hacer también una comparación porcentual de las mamás noleas y papás noeles que portan regalos…. Porque, ¿acaso no es esa su primera y casi exclusiva razón de ser? Bueno, será que no, será que sus tareas no son las mismas: los regalos ya los lleva Papá Noel… Mamá Noela tiene otros menesteres pendientes. Cómo he podido yo dudarlo.

En definitva, lo único serio de todo esto es plantearnos cómo en nuestros imaginarios la idea de mujer está tan íntimamente relacionada con la sexualidad y dirigida a un público mayoritariamente masculino que consume –porque si no no existiría- arquetipos de mujeres diseñadas para satisfacer sus más navideñas fantasías sexuales.

Pero finalmente, ¿qué tiene eso de malo? ¿Por qué no me gusta a mi nada?

Pues porque esta generalizada hipersexualización de las mamás noelas tiene consecuencias nefastas para la valoración de las mujeres y lo femenino por encima de su sexualidad.

Y porque es una trampa oscura y pegajosa para la equidad de género la contundencia sexual que yace en el mensaje visual que recibimos al elaborar y visualizar las imágenes de mujeres.

También porque la hipersexualización de las mujeres (y niñas) no ayuda nada a un empoderamiento femenino global y sólido que favorezca el protagonismo de las mujeres en la sociedad de la que formamos parte.

Y en último lugar porque contribuye a afianzar una imagen de mujer que tenemos tan naturalizada en nuestro interior que cualesquiera otras imágenes femeninas nos pueden resultar hasta grotescas. Y eso no es diversidad sino pensamiento único… ¡y qué equivocado!