Reto de la madre

Hay quien aboga por desmitificar a La Madre. Pero también hay quien apela a recurperarla para despatriacalizar nuestro relato como mujeres.

Hay quien nombra el orden simbólico de la madre como origen de la identidad femenina, del lenguaje y del mundo. Pero también hay quien no quiere oir ni hablar sobre identidad femenina.

Hay quien simplemente quiere mucho a su madre. Y hay también quien no la quiere tanto.

Hay quien tiene o tuvo una sola madre y hay quien tiene dos. Hay madres biológicas, madres adoptivas y madres sociales. Hay también madres maestras con un lugar privilegiado en nuestra genealogía.

Hay madres que ejercen una enorme autoridad y otras que quieren mandar y no pueden porque no las dejamos. Hay madres que gruñen; madres frías a las que hay que sacar las palabras a cucharadas y madres calientes que estallan. Hay madres que acarician el rostro, madres que se equivocan, madres que cantan rancheras y madres que leen muchos libros.

Hay tantas madres como mujeres que son madres.

Hay tantas madres como hijas.

¿Quiéres contar cómo es la tuya? ¿Quieres regalale algo especial por el día inventado de ‘la madre’?  

Comparte tu visión de tus madres en la comunidad de #veomujeres.

Hazle un retrato, escríbele algo. 

Etiqueta en Twitter o Instagram una imagen de tu madre con #veomujeres. Escríbeme para dedicarle un post en este espacio y sumarte a todas las demás publicaciones de #veomujeres.

Es muy fácil, muchas lo han hecho ya ¡y verás que ilusión hace!

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Asociadas

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#veomujeres que hacen de su trabajo pasíón y su virtud.

O quizá hicieron, virtuosas, de una pasión su trabajo.

Son mujeres que se alían porque saben que juntas serán más fuertes. Mujeres que quieren defender el campo de su actividad porque saben que ésta es progreso y es calidad.

#veomujeres que llevan feminismo allí donde trabajan. Mujeres que convierten el trabajo en feminismo.

#APCGenero

 

La “no-imagen” de las mujeres adictas

[Participación en la Mesa de Debate de la Jornada Mujer y Drogas organizada por la Fundación Atenea. Madrid, 21 de abril de 2016]

Pregunta: ¿Qué imagen existe de las mujeres consumidoras y adictas?

Respuesta: Sobre la imagen de las mujeres consumidoras de drogas yo creo que hay que señalar dos aspectos simultáneos que se retroalimentan mutuamente.

 En primer lugar, uno que tiene que ver con la propia sustancia y con la imagen general que tenemos de ella en la sociedad. Como sabéis, por diversos factores, no todas las sustancias están cargadas con la misma simbología ni el mismo significante a nivel social. Este hecho repercute directamente, como es lógico, en la imagen que tenemos de las mujeres (y de los hombres) consumidores. No lo podemos perder de vista.

 Pero en paralelo a este primer aspecto tenemos uno que nos habla precisamente de la “no imagen” de las mujeres consumidoras, de la falta de un imaginario de consumo con características femeninas propias. Esta “no imagen” se deriva de un proceso inconsciente e ideológico muy profundo que tiene que ver con la mirada androcéntrica y que supone la invisibilización de las mujeres consumidoras y adictas por medio de la asimilación de los modelos de consumo masculinos.

 

En relación con el primer aspecto [el valor o el sentido que cada sustancia tiene socialmente] pienso que lo más importante es señalar cómo las ideas preconcebidas sobre cada sustancia las asumimos instantáneamente en nuestra interpretación de las personas que las consumen. Este es un proceso realmente lógico, que tiene sentido en sí mismo pero que tiende a reforzar los estereotipos que tenemos sobre las personas consumidoras impidiéndonos profundizar en la complejidad del consumo.

 

En otras palabas, los valores que asociamos a cada sustancia alimentan cada estereotipo de persona consumidora de tal modo que sustancia y persona-que-consume forman una especie de tándem indisoluble. Y así es como tendemos a creer, por emplear algunos tópicos, que las personas que consumen heroína son delincuentes natas, que las personas alcohólicas carecen de empleo, que las que fuman cánnabis son nihilistas, que las que toman éxtasis ni estudian ni trabajan, que las que esnifan cocaína están forradas de dinero y que las que toman hipnosedantes de forma cotidiana es porque simplemente duermen mal.

 

Este tipo de ideas forman parte del imaginario de cada sustancia. Así, una persona que consuma una determinada droga, asumirá las características o sentidos que le atribuimos a la sustancia en sí misma, independientemente de si son mujeres u hombres.

 Pero ahora llegamos a un punto importante. En tanto que los imaginarios nos hablan de las creencias e imágenes colectivas, ¿bajo qué prisma se generan estas creencias e imágenes? ¿Con qué mirada? ¿Desde la experiencia de quién?

 Quienes creemos que el androcentrismo forma parte del campo normativo de nuestra sociedad, quienes consideramos que la experiencia masculina atraviesa la supuesta neutralidad epistemológica de nuestros conocimientos, opinamos que el imaginario de cada sustancia se nutre precisamente de las realidades masculinas.

Y aquí entramos de lleno en el segundo aspecto que yo quería destacar, en la idea de una “no imagen” propia de las mujeres consumidoras. La imagen que tenemos de las mujeres consumidoras está atravesada por el velo de la experiencia masculina.

 

Esto no quiere decir que no haya características similares entre las consumidoras y los consumidores. Lo que yo quiero subrayar es la cadencia que socialmente tenemos a asumir que las realidades de los hombres consumidores de drogas son válidas también para las mujeres. Cadencia que nos impide seguir investigando y profundizando sobre la verdadera complejidad del fenómeno del consumo de drogas que, como todos los fenómenos sociales, está atravesado por la variable del sexo/género.

 Es decir, en tanto que la imagen global que tenemos de personas consumidoras de drogas es principalmente masculina, cuando queremos expresar la imagen que tenemos de las mujeres consumidoras y adictas lo que tendemos a hacer es traspasar el estereotipo masculino a las mujeres, de tal manera que lo que hacemos es reproducir una imagen masculinizada de las consumidoras.

No obstante, y sin querer caer en contradicciones, es preciso tener en cuenta también que el estereotipo de lo que es la feminidad empapa profundamente también la imagen social de las mujeres consumidoras o adictas, especialmente de éstas últimas.

La feminidad es, en términos generales, como una especie de estado puro e inmaculado al que nos cuesta asociar a comportamientos divergentes, trasgresores,  dañinos u obscenos. Y cuando asociamos este tipo de comportamientos a la feminidad estamos, de algún modo, quebrando la imagen hipotética de lo que “debe ser” la feminidad.

 Así que, de alguna manera, las mujeres que consumen drogas (del mismo modo que las que no responden a la norma corporal, sexual o actitudinal) están ejerciendo una ruptura con lo que se espera de ellas mismas en tanto que mujeres. Esto no es una ruptura valerosa, como pueden ser otro tipo de rupturas normativas, sino condenable: las consumidoras no están haciendo lo que deben ni para ellas mismas ni para la sociedad.

 

Esto produce, finalmente, que la imagen que tenemos de las mujeres consumidoras tenga, a veces de forma muy sutil, una carga peyorativa extra respecto a los hombres. Muchas consumidoras así lo manifiestan al definir la imagen que creen que la sociedad tiene de sí mismas y al expresar su auto concepto. Esta misma idea es también manifestada por muchas y muchos profesionales y estudiosas del sector como bien se ha podido comprobar en diversas ocasiones (Patricia Martínez Redondo, Nuria Romo…)

 

Para terminar con esta pregunta me gustaría remarcar una última idea, y es que debemos seguir insistiendo, como ya están haciendo muchas profesionales, algunas de las cuales participan también en esta Jornada, en hacer un esfuerzo extraordinario para que exista una imagen propia de las mujeres consumidoras y adictas.

Sólo desde aquí es posible trabajar provechosamente y con enfoque de género en los procesos de intervención, acompañamiento, cambio y sensibilización social en relación con las sustancias y su consumo… y mejorar así de verdad las intervenciones, optimizar los recursos y revertir positivamente en quienes son las verdaderas protagonistas.

Consultoras de Género, uníos

Las consultoras de género nos hemos encontrado hasta ahora con una dificultad específica: la indefinición de nuestro sector.

Esta indefinición ha sido producida por numerosos factores. Entre ellos, los más relevantes me parecen los siguientes:

  • la diversidad de especialización,
  • la conjugación -hasta ahora- entre profesionales freelance y pequeñas empresas como principales agentes del sector,
  • la escasa financiación y
  • la carga ideológica que impregna nuestra profesión.

Todos estos factores se dan en un contexto de precarización de las condiciones laborales, de cierto intrusismo corporativo y de crisis institucional que ha dificultado enormemente la consolidación del sector.

Si queremos que la Consultoría de Género se afiance como un sector profesional definido, estable y valorado, quienes nos identificamos como consultoras de género tenemos varios retos pendientes.

Uno de ellos es el de volcar la competitividad en un ideal esquema de colaboración, tal y como acertadamente apuntaba Soledad Murillo en la apertura del II Encuentro Nacional de Consultoría de Género (#APCGenero2).

¿Cómo encontrarnos en un mercado laboral que nos aísla?

¿Cómo identificarnos las unas a las otras cuando ni si quiera todas nos auto definimos como “consultoras de género”? ¿Quiénes somos, de hecho, las “consultoras de género”?

¿Cómo incrementar el valor social de nuestra profesión cuando la igualdad de género se cree indudablemente alcanzada?

¿Cómo colaborar las unas con las otras, en definitiva, en un contexto de oportunidades limitadas?

Una de las fórmulas para afianzar nuestro sector es buscarnos, encontrarnos y aliarnos. Tenemos mucho trabajo por hacer. El éxito, a mí no me cabe duda, pasa siempre por la vía del trabajo colectivo.

Hemos comenzado a asociarnos para definir más nítidamente los objetivos de nuestro sector, delimitar su campo de movilidad, identificar criterios de profesionalidad y las condiciones óptimas de trabajo y exigir la calidad de los procesos institucionales y organizacionales que se efectúen desde el enfoque de género.

Nuestro valor es nuestro expertizaje. Nuestra fortaleza es nuestra unión.

Daremos que hablar.

Estamos imparables.

Si quieres más información sobre la Asociación Nacional de Consultoría de Género o te quieres asociar, pincha aquí. Tu participación sin duda seguirá sumando.

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Orgullosas y rebeldes

[Con Antonio Martín]

Sabéis que mi abuelo fue fusilado en octubre del 36 por su ideología política pero nunca he hablado de mi abuela Carmen, mujer que recibió el golpe de quedarse viuda con cuatro hijos (el mayor, mi padre, con 7 años) y embarazada. Así que hoy, 8 de marzo, os voy a contar una pequeña historia sobre ella que sirva de homenaje a todas aquellas mujeres que sacaron adelante a toda una generación estigmatizada por la ideología de sus padres.

En aquellos días, los asesinos no sólo se conformaban con quitar vidas sino que posteriormente llevaban a la peluquería a las viudas, les rapaban la cabeza dejando un pequeño mechón para hacer una pequeña coleta y las hacían pasear en procesión por las calles del pueblo. Lógicamente, mi abuela era una de las señaladas y fueron a por ella. Les recibió en la puerta de su casa con un hacha entre las manos y amablemente les invitó a pasar…..fueron demasiado cobardes como para atreverse y se fueron sin tocarle un pelo.

Ese paso atrás de los asesinos fue el primer paso adelante de mi abuela, un paso rebelde, un paso revolucionario.

¡La revolución será feminista o no será!

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[…y conmigo]

Hay quienes han estado lejos del feminismo porque el espejismo de la igualdad es muy poderoso y tramposo. Hay quienes piensan que esto de la construcción social de la desigualdad no va con ellos o con ellas, que están libres de complicidad.

Omitir el legado de nuestras mayores es una forma de invisibilizar a las mujeres, nuestras luchas, nuestras resistencias, nuestros aportes a la sociedad y nuestra (su) invaluable contribución.

El feminismo es una etiqueta como puede serlo cualquier otra pero es, sobre todo, una mirada, una convicción, una seguridad ardiente y poderosa.

La historia de nuestras abuelas es también la Historia reciente de España. 

Alianzas

El próximo día 16 de abril celebramos en Madrid el II Encuentro Nacional de Consultoría de Género.

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Vamos a utilizar una metodología de trabajo por grupos que nos permita reflexionar colectivamente sobre algunos aspectos esenciales de este sector profesional. Estos temas son:

  • El sector de la Consultoría de Género en España

¿Cómo es y cómo querríamos que fuese? ¿Qué posibilidades de desarrollo tiene y por quién está integrado?

  • Las profesionales del sector

¿Quién hace el trabajo de la consultoría de género y en qué condiciones? ¿Cuáles son sus conocimientos expertos y qué trayectorias profesionales desarrollan?

  • Los retos a futuro de la Asociación Profesional de Consultoría de Género

¿Qué puede aportar la asociación al sector y a las profesionales? ¿Cuáles serían sus líneas más interesantes y urgentes de acción? ¿Cómo lograr que la asociación se sitúe como en elemento clave en el sector de la consultoría de género en España?

  • Alianzas y redes

¿Con qué actores puede establecer alianzas la Asociación ? ¿En qué benefician las redes a la asociación, a las profesionales y al sector? ¿Cómo se puede consolidar la red de alianzas?

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Además de presentar al final del Encuentro las diferentes conclusiones de los grupos de trabajo, voy a dinamizar el último de los temas junto con Elisa Iniesta.

Todo lo que tiene que ver con las alianzas y las redes es algo que siempre me ha interesado particularmente. De hecho, crear y consolidar alianzas y redes es una de mis maneras de estar en el mundo. Es para mí una forma de supervivencia con la que me he ido encontrando de frente a medida que han pasado los años. Por eso me cuestan tanto las distancias y las actitudes ásperas e individualistas… pero, en fin, eso es otro tema 🙂

Yo soy profesional de este sector y realmente creo que es necesario y útil que nos juntemos y nos aliemos. Como yo, sé que somos muchas, muchísimas.. pero estamos disgregadas y sólo el azar, la amistad o el activismo nos une de vez en cuando.

Ha llegado la hora de afianzar el vínculo.

Si no puedes venir al Encuentro, no pierdas de vista a la Asociación. Puedes informarte también buscando el hashtag #APCGenero2.

¡Os seguiremos contando!

Las mujeres se drogan

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Uno de los aspectos que sobresalen cuando se aborda el fenómeno de las drogas desde el enfoque de género es la necesidad de que las características del consumo de las mujeres puedan emerger con nombre propio en los análisis, proyectos o políticas públicas.

Desde los servicios, instituciones y organizaciones de atención y prevención se tiende a reproducir una visión androcéntrica del fenómeno que invisibiliza las realidades femeninas. Esta tendencia deriva en el entendimiento sesgado de la complejidad del fenómeno y puede producir ineficacia de la intervención. Todo apunta también  a que genera desigualdad de género en relación con el acceso y uso de los recursos disponibles.

Una forma adecuada de romper con la invisibilización de las mujeres en el mundo del consumo de sustancias es poner en valor su experiencia por medio de la participación activa en la generación de conocimiento. Sólo a través de su voz y del relato de sus propias historias de vida las características de su consumo podrán aparecer como propias, ajenas a una idea neutral del uso de drogas que proviene de entender la experiencia masculina como única y generalizable.

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No obstante, fomentar la participación de las mujeres no siempre es fácil, ni en relación al consumo de sustancias psicoactivas ni en relación a otros aspectos de la realidad.

Dadas las condiciones específicas del sistema de sexo/género, y los diferentes condicionantes normativos que definen la posición de mujeres y de hombres en la sociedad y en los procesos participativos en particular, es necesario que desde los equipos de planificación y análisis se haga un esfuerzo extra para favorecer la incorporación femenina activa en los procesos de identificación de problemáticas, diseño de actuaciones o evaluación de intervenciones.

Por ejemplo, durante la fase de definición de problemáticas se les puede preguntar por la funcionalidad que asocian ellas mismas a las sustancias consumidas o por los significados, implicaciones y fines que el tratamiento tiene para ellas.

Lo ideal es que la perspectiva de las mujeres consumidoras o ex consumidoras sea contrastada con la de los hombres, de tal modo que pueda manejarse información atravesada por la especificidad del sexo/género. Y es que, aunque pueda parecer banal, este procedimiento permite a las mujeres (y a los hombres) colocarse en una posición activa desde sus conocimientos. Conocimientos que, seguramente, son implícitos y difíciles de expresar o nombrar, pero que forman parte del relato de su vivencia porque los han ido desarrollando a lo largo de su relación con las drogas.

En definitiva, la detección de problemáticas diferenciales y el diseño de medidas específicas para sobrepasarlas empieza con la participación de mujeres y de hombres en su auto diagnóstico. En palabras de una de las investigadoras que más ha trabajado esta línea:  se trata de identificar qué partes de su proceso vital [marcado por el género] se relacionan directamente con el problema de drogodependencia (Patricia Martínez, 2009).

Mediante este tipo de interpelaciones se persigue un objetivo concreto: incorporar el enfoque de género en las intervenciones, sean éstas públicas o privadas, de tal modo que el proceso de acompañamiento y, en su caso, cambio, respecto a conductas dañinas o tóxicas pueda molderase alrededor de las necesidades y deseos específicos de las mujeres y de los hombres a quienes se destinan los recursos.

Porque somos diversas por muchas razones y porque el sexo/género sigue siendo una trascendental. También en relación con las drogas.

 

[Los contenidos de este post derivan del trabajo realizado junto con Valentina Longo para el curso de Intervención Social en Drogas e Igualdad de Género de la Fundación Atenea]

Curiosillas

[Con Sonia Campo Macho]

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que no tienen miedo
y cuando lo tienen
lo cambian como un cromo
por un contigo puedo
veomujercillas 
que se asoman a ventanas
para ver qué acontece
y me cogen de la mano
a ver como la luna crece
 veomujercillas
que investigan el mundo
a través de su cuerpo
y me cuentan
cosas que yo no recuerdo
 veomujercillas 
que preguntan y preguntan
cómo cuándo dónde y por qué
la pila de cosas
que me quedan por saber…
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[… y conmigo]

Gracias, Sonia, compañera, por retratar a tu hija y nuestras hijas con tanta admiración y tanta soltura. Nuestras hijas son un espejo, una oportunidad, un balcón abierto hacia la vida.

Te abrazo.

Evaluación de género

La evaluación de las intervenciones es tan importante que casi nunca se hace con rigor o no, por lo menos, con todo el rigor que se merecen los proyectos, los equipos y los actores más importantes de cualquier intervención: las personas beneficiarias.

Hoy me siento suspicaz.

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Quien esté mínimamente relacionada con la planificación de proyectos recordará que la evaluación es una de las fases del ciclo del proyecto. Es, de hecho, una fase doble que se desarrolla a lo largo del proceso de implementación (a modo de “seguimiento” o “monitoreo”) y tras la finalización del mismo.

La evaluación es una fase clave.

En la evaluación reside la posibilidad de aprender lecciones para el futuro, de recoger los mejores frutos de una intervención con impacto social de cualquier tipo y de demostrar que lo hicimos bien… o no.

La evaluación tiene, desde el enfoque de género, una clave imprescindible: dar el protagonismo a las personas de las cuales (supuestamente) emerge la necesidad del proyecto de intervención y junto y para las cuales se han diseñado y desarrollado todas las acciones.

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Las personas no son entes neutrales. Somos mujeres y hombres con muchas necesidades comunes y otras diferentes. El sistema de sexo/género nos sitúa en lugares distintos y contribuye a definir con particularidad nuestras demandas inmediatas, nuestras problemáticas y nuestros intereses y objetivos a medio y largo plazo. Nadie mejor que nosotras y nosotros podrá describir el lugar que ocupamos e identificar sus componentes.

El feminismo es fenomenal porque nos ayuda a comprender esta circunstancia.

No sólo es incomprensible un proyecto de intervención sin su respectiva evaluación sino que además es inconcebible sin una adecuada incorporación de la mirada de género, con sus correspondientes metodologías, herramientas y análisis.

.. sobre éstas y otras cosas trató la sesión de docencia que di el pasdo día 30 de marzo en el Máster de Estrategias y Tecnologías para el Desarrollo de la Politécnica y la Complutense, en Madrid.

Aquí tenéis la presentación completa.

Con arrestos

[Con Sonia Herrera, de La Lente Violeta]

#veomujeres mayores, sabias, con arrestos… Mujeres resistentes a la puerta de casas de piedra.

sonia herrera

[… y conmigo]

Hoy que vamos tan deprisa, mirar de cerca a una persona mayor es pausar el tiempo unos instantes y engancharnos de nuevo a la vida recorrida. No queremos vivir deprisa pero somos empujadas cotidianamente hacia adelante a gran velocidad.

Hoy que parece todo conseguido, estar al lado de una mujer mayor es rendir un homenaje a todas las mayores y recuperar la historia de las que fueron para comprender mejor las que hoy somos. No queremos volver atrás pero tenemos la obligación de no olvidar.

Me gusta agarrar la mano de una mujer mayor porque su piel está repleta de surcos de memoria.

Si olvidamos, podemos perderlo todo.